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En la punta de la pirámide: la rotación en la carrera de la ciencia
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2011-07-08 // 00:28:00  PARANINFO©

Editorial Jueves 7 de Julio de 2011: En la punta de la pirámide: la rotación en la carrera de la ciencia.

Buenas noches, señoras y señores. Permítanme que me cuele una vez más en su casa para hablarles en nombre del Consejo Social de la Ciudad de Granada.

Durante las últimas semanas los clubes de fútbol han salido una y otra vez a las pantallas para informarnos de sus nuevos contratos para la próxima temporada y de las transferencias de su personal de temporadas pasadas. Van en ello sumas cuantiosas que, curiosamente, no escandalizan a nadie. Lo nuestro en PARANINFO es la investigación y nos preguntamos una y otra vez por qué la sociedad española da tratamientos tan diferentes a los profesionales del fútbol y a los de la ciencia. Sirva lo dicho de contraste para lo que vamos a decir ahora.

En esta pantalla, como bien saben, hemos criticado a menudo el modelo funcionarial y cerrado que adopta la carrera universitaria en España desde los tiempos de la revolución liberal. El resto del sistema nacional de ciencia y tecnología sigue su estela. Son éstos rasgos propios de una sociedad poco moderna cuyas raíces se hunden en una larga tradición histórica más atrasada aún. A nuestro modo de ver la modernidad exige un modelo distinto de carrera científica, a todos los niveles y en todos los aspectos. En el editorial de hoy deseamos interrogarnos por el otro extremo de la carrera docente e investigadora, lo que podemos llamar los “mecanismos de salida”, aún más defectuosos, escleróticos y faltos de adecuados incentivos que los ya comentados “mecanismos de entrada”.

Sí, lo han comprendido bien, vamos a hablar de la jubilación, pero antes los invitamos a considerar la estructura del sistema, que algunos consideran piramidal; ya sabe: como un ejército; como una iglesia; como cualquier estructura organizada jerárquicamente. Muchos soldados o fieles devotos, bastantes oficiales o párrocos, algunos coroneles u obispos y muy pocos generales o cardenales. En la Universidad española actual sucede algo muy diferente: hay pocos becarios y profesores en formación; muchos titulares o contratados doctores y, en proporción, muchos, muchísimos catedráticos. Entre aquellos y éstos hay unas diferencias salariales muy reducidas, salvo lo que aportan los a menudo numerosos años de servicio. La presión igualitarista durante las últimas décadas ha sido fortísima y desde el movimiento de PNN de los años Setenta se ha buscado con éxito automatizar la carrera universitaria, igualar las retribuciones y maximizar las oportunidades de ascenso como si de un derecho personal se tratara, y efectivamente lo es así en la actualidad. En realidad el sistema español de ciencia y tecnología es un gran organismo que crece y crece pero que no permite la especialización de sus células básicas.

Y si las retribuciones de los diferentes empleos en la Universidad son muy parecidas, en el terreno de las competencias y responsabilidades no se aprecia diferencia alguna de consideración. No hay competencias específicas para cada cuerpo o escala y todos deben asumir el mismo mix de tareas, competencias y actividades. Salvo por la oportunidad de aspirar al rectorado, la reserva del derecho a presidir las comisiones de profesores titulares o de participar en las de catedráticos, los diferentes empleos en la Universidad hacen o deberían hacer prácticamente lo mismo. Una plaza de profesor se convoca porque hay un candidato para ocuparla, importando muy poco la misión que en una organización más eficiente y dinámica debería prefijar. En realidad tal misión de un profesor recientemente promocionado es básicamente la misma que venía ejerciendo con anterioridad y nunca hemos visto que se fijen objetivos singulares para ninguna plaza ni para ningún candidato. Y no hablaremos de la reciente proliferación de “misiones internas” y de los consiguientes cargos electivos o de libre designación, que son atendidos por igual por catedráticos, por contratados y hasta por estudiantes. ¿Qué competencias especiales y de alto nivel, qué responsabilidades singulares, tiene hoy realmente un catedrático en una Universidad española? Pocas y poco significativas. Un profesor titular capaz, dinámico y por ello mismo bien emplazado en las redes profesionales de su especialidad, nacionales e internacionales, asume las mismas o mayores actividades de dirección y de gestión de proyectos externos que cualquier catedrático más o menos instalado en la recta final de su carrera. Probablemente, incluso, lo haga con más gana y originalidad. En suma, la Universidad actual carece casi por completo de especialización interna y ello tanto en sentido vertical como horizontal. Por tanto nunca se ha visto que una universidad pública española haya contratado a una primera figura a golpe de talonario. Nunca se han definido objetivos específicos, acordes a necesidades singulares y contratado nuevo personal del nivel y de las competencias necesarias en consonancia con lo anterior.

Orientemos ahora nuestras preguntas hacia la punta de la pirámide y busquemos las salidas habituales de la carrera científica. Unas salidas que a nuestro modo de ver deberían estar diseñadas para facilitar el flujo de salida con la mayor variedad posible, pero que en realidad están diseñadas para todo lo contrario.

La respuesta es desoladora: tras un horizonte ininterrumpido de cuarenta o más años de servicios docentes la única salida imaginable y socialmente aceptada para un investigador-funcionario es la jubilación. Cuando hace poco se quiso hacer correr el escalafón de las universidades e introducir un cierto dinamismo que facilitara el flujo de jóvenes la única solución que todos aceptaron fue la jubilación anticipada. Un privilegio, que no una oportunidad, cuyas condiciones eran edad avanzada, muchos años de servicio …   y escasa motivación residual. Nada ilusionante, pues, si no fuera porque, como ahora se está viendo, quedarse en el empleo unos años más puede ser aún peor.

La punta de la pirámide, pues, está cerrada y la carrera de la ciencia, como en cualquier burocracia que se precie, ha de ser recorrida desde abajo, escalón por escalón y sin escapes a la sociedad civil.

Y no. No se trata de falta de imaginación. Es que las estructuras dominantes están así configuradas. En nuestro sistema es difícil que alguien pueda dejar un puesto consolidado para lanzarse al camino. Si alguien sintiera tales deseos tendría que hacerlo a pura pérdida y sin oportunidades de retorno. Si, a los cincuenta años de edad y tras una por lo general larga y excluyente carrera en la función pública universitaria, un profesor aún sintiera el deseo de experimentar nuevos itinerarios  –salvo que se dedique a la política, con nombramiento en BOE, que trae aparejada la excedencia especial con la que la Administración se realimenta a sí misma–  carece por completo de alternativas ni de incentivos para hacerlo.

Y ahora díganme, por favor: ¿a quién empobrecemos más con este sistema? ¿al profesor supuestamente avaricioso que desea mejorar fortuna y explorar nuevos caminos, o a la propia sociedad española que pierde capacidades e iniciativa por no saber ofrecerles el marco flexible apropiado para cambiar? ¿Acaso un profesor bien formado no puede generar riqueza en otros sectores? Dar a nuestros investigadores maduros pero aún jóvenes la oportunidad de aparcar la carrera sin perderla del todo o, si hubieran de quemar los barcos, permitirles al menos hacerlo con las alforjas llenas, no parece ni mucho menos abusivo tras veinte o más años de trabajo, por lo general con gran entrega. Una mayor flexibilidad en este punto que comentamos hoy podría ser una alternativa prometedora, propia de una sociedad abierta, que puede impulsar tanto la rotación de los investigadores como el dinamismo económico y social de nuestro país.

Sigan con nosotros. Estamos a su servicio.

PARANINFO.

 

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