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Elecciones en la UGR, la pequeña fiesta de la democracia
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Editorial de Paraninfo del Jueves, 2 de Junio de 2011

Buenas noches, señoras y señores. Permítanme que me cuele una vez más en su casa para hablarles en nombre del Consejo Social de la Ciudad de Granada.

Hace pocos días la Universidad de Granada celebró elecciones para renovar el mandato de su Rector por otros cuatro años. Las cosas han ido como se esperaban en prácticamente todos los sentidos, el profesor González Lodeiro ha sido ratificado en el cargo y los detalles del proceso han llamado poco la atención. En PARANINFO tenemos mucho gusto en felicitar al electo, quien ha colaborado amablemente con nosotros como han tenido la oportunidad de ver los espectadores, y le deseamos muchos éxitos en su nuevo mandato en interés de todos los universitarios y de la mayoría de los granadinos.

Hasta aquí, pues, normalidad absoluta. Pero en PARANINFO nos gusta criticar y esta puede ser una buena ocasión para llamar a debate las elecciones mismas y el marco institucional en que nos movemos. Resaltaremos, en particular, la escasa participación de los votantes, especialmente de los estudiantes, y la elevada proporción de votos blancos y nulos “antisistema”, lo que demuestra desinterés por un proceso ficticio que tal vez sea paralelo al escaso interés real que la Institución es capaz de generar. Recuerden: comportamientos rutinarios, escaso compromiso y objetivos dispares podrían ser lemas mayoritarios hasta donde llegamos a conocer. La elección, en realidad, viene a ser cosa de iniciados, del personal permanente con interés más o menos directo en la gestión.

Entre los estudiantes llamados al voto es posible que alguno estuviera acampado en la plaza del Carmen reclamando más democracia. Más probable aún es que estuviera en algún botellón. Y aún es más que probable que estuviera ocupado en sus cosas, en sus trabajos, completamente ajeno a la fiesta de la democracia universitaria, que sus mayores conseguimos sin que hayamos conseguido interesar realmente a los beneficiarios. Reconozcámoslo claramente: en su mayoría los estudiantes pasan de la Universidad, se someten a lo que no tienen más remedio que soportar, se fijan sus propios objetivos y toman lo que les conviene de lo que les ofrecemos. ¿Nos extraña? ¿Debería acaso ser de otro modo?

Desde la Transición se ha intentado democratizar la Universidad y se ha buscado una salida por la vía electoral que en la práctica ha funcionado en interés de unos pocos grupos organizados. Se suponía, sin mucho fundamento, por lo que se ve, que la práctica de las elecciones debería encauzar el interés y la participación y asegurar el buen funcionamiento de la institución. Es claro que no es así y deberíamos reflexionar sobre ello.

Pero ¿no hay acaso otros medios para asegurar una universidad democrática? Personalmente entiendo que bastaría con tener una sociedad verdaderamente democrática, transparente y libre, condición necesaria y probablemente suficiente. Pero esa sociedad está muy lejos de nuestra realidad actual y sin ella no debemos extrañarnos de que todo falle.

En nuestro terreno particular creemos que sería mucho más efectivo para la democracia y para la eficiencia el fomentar la movilidad sustancial de estudiantes y profesores  –más allá de breves salidas más o menos cosméticas fuera de los ancestrales cuarteles de invierno–  y, por tanto, en difundir una cultura de la elección personal en la que pudiera votarse con los pies tanto como con la palabra. Pero, como bien sabemos, en este terreno todo queda por hacer en la sociedad española.

 

Cumplida la mencionada condición estructural, o más bien genética, reconozcamos que hay muchas maneras de garantizar la democracia y la eficiencia en las organizaciones que, como escribiera Barry Bozeman son todas públicas [v. All Organizations are Public. Bridging Public and Private Organizational Theories. San Francisco. London: Jossey Bass Pub.; 1989]. En un artículo reciente, Clara Eugenia Núñez  –colaboradora habitual de PARANINFO–  ha escrito que «en términos generales, y según la nueva Ley, nuestros institutos carecen de los principios básicos de un buen centro de investigación: un consejo rector independiente del poder político, consejo del que deben formar parte científicos de primer orden a nivel internacional y en el que pueden estar presentes las empresas líderes en el sector, y un director independiente de reconocido prestigio, responsable de su gestión, de sus éxitos y fracasos, ante dicho consejo […] el responsable político apenas debe hacer nada más que dirigir los fondos públicos, que administra en nombre y por delegación de los ciudadanos, hacia los institutos que cumplan su misión y que generen conocimiento, ese conocimiento tan necesario para el bienestar social» [v. «Ciencia y política o política científica, ésa es la cuestión» en  http://www.cuartopoder.es/invitados/ciencia-y-politica-o-politica-cientifica-esa-es-la-cuestion/1411

A falta de una sociedad efectivamente democrática la ficción electoral que realizamos cada cuatro años  –en el fondo pura cooptación de los estamentos profesionales organizados dentro de la Universidad–  y la intervención impropia de fuerzas externas, sólo pueden proporcionarnos una parodia que los supuestos interesados valoran democráticamente con desprecio.

Como han podido ver, aquí en PARANINFO vamos una vez más contra corriente. El debate está ahí, entre bambalinas; no es un secreto para nadie; pero las alternativas no son percibidas. Si hoy conseguimos  movilizar su opinión le invitamos cordialmente a seguir la discusión en la WEB del Consejo Social de la Ciudad de Granada. Sigan con nosotros. Estamos a su servicio.

 

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