Inicio Prensa ¿Dónde está el tesoro?

Relacionados

Patrocinadores

Ayuntamiento de Granada
TG7

Dirección CS

Consejo Social
de la ciudad de Granada

Plaza del Carmen s/n
18071 Granada
Tel.: 958246935
Fax: 958246950

¿Dónde está el tesoro?
(0 votos, media 0 de 5)
 
 

¿Dónde está el tesoro?

Editorial de Paraninfo (Jueves, 17 de Febrero de 2011)

Buenas noches, señoras y señores. Permítanme que me cuele una vez más en su casa para hablarles en nombre del Consejo Social de la Ciudad de Granada. Desde sus mismos orígenes, de la mano de Adam Smith, la Economía se ha preocupado por el tema trascendental del crecimiento de la riqueza de los pueblos. Porqué unas naciones son ricas y otras no es la cuestión central del pensamiento económico. Por qué y cómo el mundo occidental dio a finales del siglo XVIII el poderoso salto adelante que lo llevó a obtener un nivel de productividad y, consiguientemente, de riqueza, que hoy nos coloca diez o quince veces por encima de los mejores estándares del pasado.

La respuesta se ha buscado en diferentes líneas argumentales y casi todas ellas han aportado interpretaciones de interés y pruebas sustanciales para apoyarlas. En el editorial de hoy retendremos sólo dos: el abuso y la creatividad. Una y otra son como los polos opuestos en la interpretación general del fenómeno que nos ocupa, de modo que optar por un polo u otro es decisivo para enjuiciar la economía y la sociedad actuales y el papel que dentro de ellas desempeñan la ciencia y la tecnología.

Numerosos historiadores, entre los que Carlos Marx es probablemente el más conocido, han insistido sobre la idea de que la riqueza de unos pueblos se basa, de una manera o de otra, en el expolio de los otros. Marx se centró en la expropiación de los trabajadores  –nacionales o extranjeros–  por parte de los empresarios, que él designaba como capitalistas. Otros en su línea nos han hablado de la explotación de los pueblos (esclavitud, colonización, intercambio desigual, etc.) o de  la naturaleza en su conjunto, por medio de un consumo supuestamente insostenible de recursos naturales escasos a muy largo plazo. En síntesis, para quienes así piensan la riqueza tiene indefectiblemente un lado oscuro al que los mayores beneficiarios del reparto se ven indefectiblemente condenados sin preguntarse a menudo si el mayor rédito que obtienen no puede responder a una mayor contribución por su parte a la riqueza social. A menudo para apoyar su visión los teóricos de este polo construyen unas clasificaciones teóricas que dividen el mundo  –a menudo arbitrariamente–  en un ellos y un nosotros, considerados siempre como colectivos y nunca como individuos.

Hoy día el análisis económico más avanzado no sostiene estas ideas y se desarrollan análisis más amplios y más complejos. Es claro que hay y que siempre habrá juegos “de suma cero”, en los que el beneficio de uno es necesariamente paralelo al empobrecimiento de los demás. Por tanto los análisis como los citados más arriba tienen un fundamento empírico irreductible, pero resulta manifiestamente incompleto. Ver la actividad económica como una timba de casino donde unos se enriquecen con los despojos de los otros es, como poco, limitado. Las matemáticas nos enseñan que también hay juegos de suma positiva, en los que el pastel crece a medida que se aumenta la apuesta. En esos juegos la riqueza de unos no está inevitablemente ligada a la pobreza de otros, sino más bien al contrario. Con esa idea podemos afirmar que la riqueza, general y sostenible, ha de construirse por medio de un marco social y técnico determinado en el que los juegos del tipo que hemos llamado “de suma positiva” tengan un peso relativamente alto y regularmente creciente.

¿Que cuáles son esos juegos, se preguntan? Pues en la vida económica y social moderna la respuesta es clarísima: ese juego es el conocimiento y la innovación, y se practica, sobre todo, en los campos amplísimos y fértiles del comercio y de la inteligencia. ¿Qué condiciones debe cumplir una actividad así concebida? Consideremos que la riqueza se construye día a día por el esfuerzo de todos y cada uno de nosotros. La calidad del esfuerzo y, consecuentemente, la productividad del mismo, viene determinada por los conocimientos que cada cual pone en juego y por el grado en que cada sociedad es capaz de aprovecharlos.

La actividad económica basada sobre el conocimiento, sobre la creatividad en suma, tiene lugar entre individuos y, a la hora de explicar las decisiones creativas son fundamentales conceptos como la autonomía personal, los sistemas de incentivos y la calidad de la información. Sólo organizaciones definidas para favorecer la autonomía personal, generar incentivos favorables a la innovación y proporcionar información difusa sobre cuestiones relevantes permiten aprovecharlo plenamente.

Con lo dicho debería estar claro que el trabajo del científico es hoy día el paradigma de la actividad más productiva y más prometedora del presente y probablemente del futuro a muy largo plazo. Y en dicho trabajo científico el diseño institucional y organizativo contribuye decisivamente a la hora de  facilitar e incentivar el esfuerzo individual en la doble tarea de formarse y trabajar en actividades directamente productivas. Una distinción que, por cierto, cada vez es menos acusada en la medida en que formación y trabajo se interpenetran más y de forma cada vez más complicada.

Y ahora, díganme, por favor: ¿Está la sociedad española bien diseñada para llegar a ser una sociedad basada en el conocimiento y en la innovación? ¿Es o no necesaria una concepción nueva de la sociedad y del progreso económico específica para nuestra sociedad del conocimiento?

PARANINFO ha sostenido una y otra vez una respuesta positiva y confiamos en poder convencerlos de ello si es que no comparten ya dicho punto de vista. Sigan con nosotros. Estamos a su servicio. PARANINFO.

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar