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| Sobre la actividad de los científicos y la medida de su valía |
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Sobre la actividad de los científicos y la medida de su valía Editorial del programa Paraninfo del Jueves, 25 de Noviembre de 2010 Buenas noches, señoras y señores. Permítanme que me cuele una vez más en su casa para hablarles en nombre del Consejo Social de la Ciudad de Granada. De nuevo una carta a la redacción de PARANINFO ha encendido la polémica. Un oyente nos reprocha, amable aunque severamente, que dijéramos en un editorial anterior, en tono que le pareció despectivo, que el sistema de evaluación del rendimiento de los investigadores “se limita a contar papeles”. Es cierto que eso dijimos; es cierto que así se hace; y es cierto, en fin, que la cuestión es compleja y llena de matices. Lamentamos no haber podido profundizar en la cuestión, cosa que intentamos corregir en este momento.
Efectivamente, en el mundo actual de la investigación existen sistemas de evaluación permanente que miden tanto lo publicado como la calidad de lo publicado. De la medición de las revistas hemos pasado a la medición de los investigadores. Se aplican métodos standard que, dicho en pocas palabras, evalúan el aprecio de la profesión por cada autor en forma de citas recibidas de los colegas para un determinado trabajo. Hasta ahí el criterio resulta impecable y en España se utilizan métodos perfectamente homologables en el resto del mundo. Más aún, desde hace ya varias décadas unas agencias más o menos independientes evalúan sistemáticamente a los investigadores que lo solicitan, es decir, a la totalidad de los investigadores de mérito y a muchos más. Sin dichas evaluaciones no hay complementos de productividad, no hay promoción profesional y no hay prestigio científico. En nuestro pequeño mundo, en el que prácticamente nos conocemos todos, el baremo externo proporciona una fotografía que pone a cada uno en su sitio públicamente y con cierta precisión. Creemos que con lo dicho hasta ahora damos completa satisfacción a nuestro amable interpelante. No obstante creemos que es preciso dar un paso más adelante y añadir una cautela. Entendemos que el procedimiento de evaluación que acabamos de describir no pasa de ser un segundo óptimo en el mejor de los casos. Sin duda con él el sistema español de ciencia y tecnología ha mejorado notablemente y ha introducido incentivos vigorosos para el esfuerzo y la innovación. Pero cabe dudar de que se haya orientado por el mejor camino posible. Ahora muchos profesores investigan por sistema y muchos más publican con regularidad, a diferencia de lo que se hacía hace veinte años o más. Lógico, pues, al fin y al cabo, los científicos españoles, como todos los demás, somos sensibles a los incentivos y estos nos animan a publicar regularmente. Ahora una reputación de primera línea para un joven investigador radica en unos índices, en un currículo estándar, tan estándar que lo podría aplicar cualquier burócrata con mediana experiencia. Le tenemos tanto miedo a la arbitrariedad y a la mediocridad moral de nuestros líderes, sentimos tanto gusto por los reglamentos, estamos tan faltos de referencias externas para la gestión, que preferimos atarnos corto los unos a los otros; y los índices de citas son un instrumento refinado pero sus resultados, al servicio de la burocracia y no a la inversa, pueden ser muy perjudiciales. No olviden que el genio de la razón genera monstruos y me temo que éstos nos acechan a la vuelta de la esquina. Tomado en su conjunto, el reclutamiento del personal en nuestro sistema de ciencia y tecnología no puede ser más tradicional de lo que fue en su momento. En general tiene la igualdad como objetivo y la excelencia sólo como pretexto. Perfeccionada en sus métodos, la carrera de la ciencia en España en realidad ha cambiado bien poco en el fondo. En la Universidad española del siglo XXI un joven –no tan joven a menudo– que consiga una plaza de profesor ayudante y que esté dispuesto a hacer discretamente sus deberes sin molestar a nadie, tiene el empleo y la promoción profesional prácticamente asegurados de por vida, y desde ese momento tiene más probabilidades de llegar a Rector sin levantarse de su asiento que de conseguir una cátedra en cualquier otro centro español. Y ahora díganme: en el sistema español vigente … • ¿Dónde están los grandes premios para los grandes investigadores? • ¿Qué margen se deja a la libertad para diseñar la propia carrera? • ¿Funciona realmente la burocracia al servicio de la excelencia, más allá de la pura y simple normalidad que se puede medir y baremar? • ¿Qué hueco hay realmente para la creatividad y para la innovación verdadera, esa que precisamente rompe todos los moldes y no se sujeta a convenciones?
PARANINFO lucha en las ondas por hacer de la excelencia la bandera efectiva del sistema español de ciencia y tecnología, y eso sólo se logrará cuando permitamos que la excelencia dicte su ley, la campe la creatividad por sus respetos y la burocracia esté de una vez a su servicio y no a la inversa. Confiamos en que, con lo dicho, la polémica está servida. Sigan con nosotros. Estamos a su servicio. PARANINFO.
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Memoria del Consejo Social de la ciudad de Granada 2010
